La maestra: un enfoque distinto a los tópicos adolescentes
¿Qué es lo primero que piensas cuando se habla de una relación profesor-alumno? En secundaria los suspiros están a la orden del día, y a veces nos gusta indagar en lo prohibido, incluso sabiendo las consecuencias; abrazamos la idea de que es mejor convertirse en leyenda antes de los 30 que vivir sin un plato roto por el resto de nuestras vidas. ¿Cómo quiero ser recordado y cómo quiero revivir esos años de secundaria, preparatoria y universidad, mientras estoy ebrio o celebro mis últimos años de vida?
En el “amor” la
mayoría opta por volver los ojos hacia los populares, los rebeldes o los
deportistas; casi nunca hacia los inteligentes porque ninguno romperá las
reglas para hacer más llevadero el curso de las horas. El reto va escalando sin
que te des cuenta, y en algún momento la edad se cruza en el camino, pero nadie
se conforma con un suggar daddy o una
suggar mommy, así que elevas la
apuesta por una opción más cercana y al mismo tiempo distante: los profesores.
No es un drama que pase
desapercibido en las series de TV adolescente; de hecho, se ha vuelto un tópico
de las mismas: en Pretty Little liars
a casi nadie le pareció inquietante la relación entre Ezra y Aria. Todavía
trato de superar esa escena donde Aria desliza el cierre de su chamarra frente
a Ezra para develar un par de boletos colgando sobre su pecho. Creo sólo cuando
eres adulto te das cuenta de lo infantil e ilícito que resulta todo; pero una
relación prohibida vende, así que seguimos alimentando a nuestros televidentes
con la misma historia. No incluir a un personaje negro u homosexual puede
disparar las alarmas, pero replicar viejos patrones y hacerlos ver como algo
normal en pleno siglo veintiuno es aceptable para la mayoría. El reboot de Gossip girl ni siquiera dudó en llevarlo
al siguiente nivel y abordarlo en una relación gay, porque los romances
heterosexuales no son lo suficientemente prohibidos.
Sin prisa pero sin pausa
La maestra es una
serie producida por Fox y dirigida por Hannah Fidell. Cuenta con diez capítulos
que sigue la vida de Claire, una joven profesora que decide mudarse con su
novio Matt a los suburbios de Texas. Insatisfecha con su matrimonio, su vida
cambia cuando se cruza con Eric, el apuesto capitán del equipo de futbol, quien
le pide asesorías para aprobar sus exámenes. Aunque todo se percibe calmo en la
superficie, la relación de Claire y Eric se vuelve mucho más turbulenta una vez
que se arriesgan a vivir una historia de amor prohibida.
La premisa puede
sonar cliché, pero lo que esconde es mejor de lo que uno esperaría. Claire es
una joven profesora, así que no dista mucho de la edad de Eric. No obstante, es
de conocimiento público que ningún docente, bajo ninguna circunstancia, puede
tener una relación con un estudiante. Primero que nada, hablamos de terreno
ilegal cuando se trata de un menor de edad, y en vista de que los profesores
atienden a grupos enteros con dichas características, la falta resulta mucho
más grave.
Claire es
consciente de sus limitaciones, por lo que su instinto la obliga a rechazar a
Eric cuando este se arriesga con el primer beso. Presurosa a cancelar sus
asesorías y cambiar de grupo, la vida de Claire se va en picada cuando su
esposo realiza una compra imprudente e insiste en querer volver a tocar con sus
amigos. Tras un par de miradas y otro encuentro en el baile escolar, Claire y
Eric deciden arriesgarlo todo y comienzan una relación. Tres episodios son
suficientes para construir las vidas e inquietudes de nuestros protagonistas,
echando un ojo a sus experiencias cotidianas en la búsqueda de un porqué, logrando
así que el espectador consiga empatizar con ellos, mientras se decide si vale
la pena montarse a ese tren o esperar a que se estrelle para ver los cadáveres
que deja a su paso. Un poco de alcohol, una metida de pata y muchas malas
decisiones son los motivos de que esta relación termine descubriéndose, dando
un impresionante giro de tuerca para los siguientes episodios.
El espejo tiene tres caras
Algo que me gustó
de esta serie es el juego de perspectivas y sus capacitados actores. Nick
Robinson, pese a su edad, logra entrañar al chico inocente que requiere la
serie: galán frente a las masas y vulnerable cuando es requerido. Su
contraparte, Kate Mara, no se queda atrás: seduce al espectador con sus
expresiones, de manera que logres compartir sus culpas una vez que se hunde el
barco.
Aunque Eric tiene
todo para hacer de su vida de instituto un recuerdo maravilloso, verse alentado
a conseguir una relación con una chica mayor parece sumarle puntos. Por
desgracia, al igual que con el genio de la lámpara, los deseos no son como los
pintan, pues una vez culminada la relación con Claire, Eric sólo podrá ir en
una dirección, y no precisamente benéfica.
Esta serie no se
tienta a la hora de exponer los tabús de la adolescencia masculina: Eric quiere
compartir sus inquietudes, pero siempre hay algo que lo frena. Lo que es motivo
de celebración para unos es una desgracia para otros: por un lado, nuestro protagonista
sigue atormentado por el encarcelamiento de Claire, y por el otro, aun se
esmera por restarle importancia para que sus amigos no se sientan incomodos,
aunque su salud mental esté en juego.
En la época actual,
el feminismo se esmera en visibilizar las inquietudes de la mujer exponiendo
las injusticias a las que se han sometido por culpa de patriarcado, sin tomar
en cuenta que los mismos hombres (aunque no todos) también son oprimidos por
ese mismo sistema. Un hombre de verdad no debe llorar, debe defender su honor
por sí solo, hacer algún deporte para variar; el color rosa le está prohibido,
al igual que el morado o el azul celeste; su gusto musical debe consistir
exclusivamente en varones, porque Beyonce y Lady Gaga son focos rojos; no debe
cuidar su aspecto, aunque el acné le destruya la piel. Una carita de ángel te
puede restar hombría: conviene hacerte una cicatriz en una pelea callejera y
ganarla para hacerte valer frente a los demás. Tener una relación con alguien
mayor y no vanagloriarte de ello es un rotundo “no” si quieres mantener el
respeto de los hombres que te rodean. La violación masculina no existe, porque
la sociedad te ha dejado en claro que sólo los hombres tienen un rol activo.
Ser manipulado para tener relaciones con una mujer es inconcebible para un
noventero; peor si otro hombre, en una noche de copas, decide abusar de ti. El
silencio será tu mejor aliado, aunque el tiempo te pueda pasar factura.
Eric es una leyenda
de universidad porque todo mundo ha leído su historia, pero nadie percibe el
daño, lo perturbador que resulta todo ahora que es más consciente de lo
ocurrido. Las promesas de escape resultan insípidas, y aunque se sigue culpando
por ello, a nadie le importa lo suficiente.
Desde la
perspectiva de Claire, las cosas son todavía peor. Ahora que su rostro está al
alcance de un click, conseguir trabajo se vuelve una tarea imposible: siempre
hay alguien a la vuelta esquina ansioso por evidenciar su crimen. No sólo
acarrea problemas por culpa de Eric, sino que la relación con su padre nunca ha
sido buena, y su hermano policía con una esposa que la odia no hace más que
complicar su existencia. Claire sabe que no hay vuelta atrás, así que tocar
fondo es lo único que le queda, hasta que la vida le ofrezca una segunda
oportunidad.
No siempre hay final feliz
En ese último
episodio, descubrimos que la vida de Claire ha mejorado considerablemente:
ahora que tiene un esposo y dos hijas, la sociedad parece juzgarla con menos
severidad, porque al ojo público ha estabilizado su vida. Por otra parte, Eric
se ha convertido en un adulto con una vida medianamente buena: dirige retiros
terapéuticos en la naturaleza y vuelve a la ciudad para una reunión con sus
viejos amigos de instituto. Noches de sexo nada fructíferas, un anhelo evidente
por la vida de otros y una desilusión constante es lo único que refleja su
cara, escudándose perfectamente en esa falsa sonrisa de niño bueno. Una visita
a la tienda de comestibles será suficiente para reencontrar a nuestra pareja
estrella, ya sin amor, sino con evidente incomodidad: la gota que derramó el
vaso, preparándonos para ese final apoteósico en el restaurante, donde ocurrirá
la ansiada confrontación, cocida a fuego lento durante nueve episodios.
Los reclamos de
Eric le hacen saber a Claire que se culpó todos esos años por lo ocurrido,
cuando en realidad no merecía todo ese remordimiento, porque Claire lo manipuló
para consumar esa relación. Claire se disculpa de inmediato y le recuerda que
la gente sigue atormentándola, y aunque la discusión parece ir hacia un punto
muerto, la voz de Eric se impone por encima de todo, echando en cara el
egocentrismo de Claire, y recordándole que ambos tendrán que lidiar con lo
ocurrido por el resto de sus vidas, pues, aunque su vida fuera de prisión parezca
ir de las mil maravillas, no todo es color de rosa.
Eric abandona el
restaurante de manera abrupta, la serie termina y una sensación extraña se
apodera del espectador: la realidad.
En conclusión
Es una serie fácil
de ver, con capítulos cortos y una trama sencilla, pero que no deja de
sorprender por su enfoque. Si de algo he de quejarme, es en la falta de
desarrollo de algunos personajes secundarios, puesto que habría enriquecido el
debate que gira entorno a la serie.
La maestra es una protesta que va más
allá de las relaciones prohibidas y que se esmera en visibilizar la
sensibilidad masculina, oculta bajo la máscara de la imposición falócrata.
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